Ser estrella de pop debe ser difícil. En el rock, los fans no piden moral alguna a sus ídolos. Es más, entre más desfachatados se vean, más mierda se metan, y en más desmanes incurran, mejor; en el rap, drogas, viejas y armas suelen imponer diferencias; y en la música electrónica, es común que los nombres de los grupos refieran drogas psicotrópicas. Pero en el pop, se esperan comportamientos, maneras y conductas ejemplares de los intérpretes, pues una buena base de los seguidores son niños que los imitan, sin chistar. Incluso, se espera que la estrella pop sea una especie de guía parental para sus fans, cuyos padres –descuidados- encomiendan a sus hijos a lo que digan y hagan sus ídolos.
Pero además de aquellos mínimos requisitos, es indispensable asistir a múltiples programas de radio y televisión, hacer cientos de sesiones fotográficas, dar entrevistas a medios nacionales e internacionales, filmar vídeos y películas, aprenderse coreografías, conocer gente del medio, mantenerse en forma, responder escándalos de revistas que usan la difamación como medio de existencia, y sonreír…nunca dejar de sonreír.
¡Ah! y por supuesto, la condición más importante: vender un rechingo. Discos, muñecos, ropa, lo que sea. Porque invertir en un género como el pop, implica fondos para pagar compositores especializados, agentes, representantes, escenógrafos, ingenieros de audio, músicos, coreógrafos, bailarines, fotógrafos, publicistas, modernos efectos de iluminación y sonido, diseñadores, e interminables patrocinadores, por solo mencionar algunos.
¿Quién está preparado para lo anterior? Después de todo, ¡no todas las personas pueden poseer el I.Q de genio que tiene Madonna!
Britney, para muchos, es una artista, pero ella sólo canta y baila lo que le dicen. Para otros, es un ídolo, pero no de su persona, sino de la figura que representa. Y para otros cuantos, es simplemente una mamacita repleta de curvas.
Darse cuenta y vivir día tras día lo anterior, cuando todo mundo quiere arrancarte un pedazo para convertirlo en oro y riqueza personal, debe ser un fuerte shock emocional que trastorne la personalidad. En el caso de Britney, la inocente pero fogosa colegiala que vimos en su primer video Hit me baby one more time se convirtió en la dura realidad de chica con cabello a rape, dos veces divorciada, con problemas de adicción, sobrepeso, y con dos hijos mal atendidos. Britney es pues -como ella bien dice- el anticristo de todo cuanto mundo superfluo le rodeó a lo largo de su espumosa carrera.
Pero ¡esperen querido público!, que ya vienen Lindsay Lohan, Lilly Allen y las hermanas Simspon… ¡y me parece que Cristina Aguilera ha prometido hacer una orgía en su nueva gira! Al carajo Britney Spears, ¡el show, debe continuar!
1 comentario:
jajajjaj que divertido estuvo la acides de tu comentario y la verdad si tienes mucha razón en cuanto a que la mayoría de los roqueros son amorales, y entre más mejor
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