viernes, 26 de enero de 2007

Beckham, Guggenheim, Davos y la Globalización

Pongo a su disposición un artículo publicado ayer en EL UNIVERSAL, que me parece que trata una lógica sumamente interesante, en tiempos donde el orden mundial implica, como nunca antes, la transformación de estructuras y paradigmas: los destinos conducidos antes por Estados-Nación gigantescos, ahora son ejercidos por personas que detentan poder y dinero, sin importar si son empresarios, políticos o economistas; la transformación de humanos en mercancías; o de costosas construcciones en nichos que reflejan al resto del mundo, y sus alrededores, la palabra mágica en el mundo globalizado y capitalista, "desarrollo".
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Fausto Pretelin
EL UNIVERSAL
25 de enero de 2007
Hay personas que se transfiguran en museos. Existen museos que se convierten en parques o ciudades temáticas. Mientras que un parque temático se ha transformado en la máxima pasarela del poder económico y político. ¿Qué relación guarda lo anterior?

A las aulas de Harvard ha llegado el caso Beckham. No se trata de cualquier otro. Forma parte del Premium Collection (la colección de los mejores casos Harvard). El contenido del mismo es fácil de abreviar: el fracaso más exitoso del mundo se llama Real Madrid y el nombre de marca que ha revalorado las finanzas del club se llama David Beckham. Fracaso porque en cuatro años el club no ha ganado nada importante salvo una Supercopa española que en realidad poco representa para las pretensiones naturales del club. No hay goles, pero sí euro goles. No existe un club de futbol en el mundo con tanto poder económico como el de la empresa llamada Real Madrid. Desde la llegada de Beckham al club en 2003, los ingresos del Madrid por concepto de mercadotecnia han pasado de 85 millones de euros a 292 millones en el último ejercicio.

Es decir, los euro goles los disfrutan más los socios de la empresa que los aficionados del club. Al parecer, lo que hay que maximizar es el valor presente neto de Beckham. Su imagen se ha desdoblado publicitariamente para transferirle emociones a Adidas, Siemens, Telefónica, Audi y Pepsi, entre otras marcas. Beckham se transfiguró en un museo llamado Real Madrid. Los aficionados contemplaron su imagen, pero no sus goles.

Ahora, el modelo futbolista (y no modelo de futbolista) ha decidido abrir una franquicia de su persona-museo en Hollywood. Se va del Madrid, pero no dejará de ser galáctico. Por más de 200 millones de euros (por concepto de mercadotecnia) jugará en un equipo californiano llamado Galaxy.

Mientras que Beckham se transfigura en museo, el museo Guggenheim se convierte en una especie de parque temático. No importa si el visitante se encuentra en Nueva York, Bilbao, Venecia, Berlín y, por supuesto, Las Vegas. En todas ellas hay un museo Guggenheim; nodos de una red del conocimiento de arte contemporáneo que emocionan a sus visitantes, como lo hacen Walt Disney y Starbucks bajo su estilo. El arte contemporáneo, antes de ser arte es una forma de comunicación. Lo mismo es una pasarela de moda creada por Toni Miró, en Barcelona, donde la expresión deseada del artista nace con el paseo de inmigrantes africanos vistiendo ropa de diseño y muere con la polémica del acontecimiento, hasta la visita del héroe cómico Tintín al freak-museo Georges Pompidou en la ciudad-museo París.

Pero el fenómeno no termina aquí. Las externalidades positivas de un museo son enormes. El Guggenheim de Bilbao, por ejemplo, se convirtió en la punta de lanza de la reurbanización de la ciudad. A la obra, creada por el arquitecto Frank O. Gehry, vinieron otras importantes como el ferrocarril metropolitano diseñado por sir Norman Foster, el Palacio de Congresos de Federico Soriano, la renovación del aeropuerto realizada por Santiago Calatrava y la ampliación de la capacidad operativa del puerto.

En pocas palabras, Bilbao se convirtió en una ciudad-temática gracias, en parte, al efecto Guggenheim.

Davos en 2007 es algo más que una montaña mágica donde las coordenadas y el tiempo desaparecen. Tampoco es la sede de un hospital espiritual. Es la pasarela espiritual del poder. Lugar donde las hipótesis de los líderes con seguridad se convertirán en realidades. Retiro empresarial en el que un selecto grupo convierte en paradigmas las estrategias diseñadas por ellos mismos. Especie de supranación cuya capital es la globalización. La ecuación del poder dejó de ser de primer grado.

La dificultad estriba en que las incógnitas se acumulan: energéticos, clima, producción, contaminación. Juntas, las variables, se correlacionan para conjurar contra la naturaleza. Para millones de ciudadanos Davos es un misterio. Otros piensan que se trata de una campaña de relaciones públicas cuyo objetivo es promover la globalización. Y quizá no estén equivocados.

Lo cierto es que el futbolista Beckham, el museo Guggenheim y el foro económico de Davos son algo más que un futbolista, un museo y un foro. Son sinónimos de la globalización.

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