Ayer fue ejecutado Troy Davis en Georgia, condenado por el asesinato de un policía en 1989. Fueron varios los intentos por salvarle la vida y, en este largo caso, existieron también numerosas dudas sobre su culpabilidad.
Durante 22 años, Davis vivió con la muerte en el rostro: el estado de Georgia se tomó más de dos décadas en cumplir con la sentencia.
A propósito de estos hechos, hoy recuerdo una de las campañas publicitarias más controvertidas de la historia: “We, on Death Row”, lanzada por Benetton en 2000, de la mano de Oliviero Toscani (conocido, entre otras, por distintas fotografías de la campaña “United Colors of Benetton” y, recientemente, por las fotografías que tomó a Isabelle Caro sobre anorexia en 2007).
Los posters (con la leyenda principal “SENTENCED TO DEATH”) contenían información sobre el prisionero, su fecha de nacimiento, crimen y método esperado de ejecución. Fueron retratados un total de 26 condenados (responsables por 46 asesinatos).
Para su creador, la campaña buscó dejar de lado las consideraciones morales, políticas o legales alrededor de la pena de muerte. Sin menospreciar el dolor de las víctimas, la campaña se centró en visibilizar que los sentenciados no son solo noticias, sino personas de carne y hueso.
Como era de esperarse, la campaña fue un absoluto desastre: la firma italiana perdió un contrato con Sears por 100 millones de dólares, una demanda legal del Estado de Missouri, además de múltiples reclamos, intentos de boicot y cartas de los familiares de las víctimas asesinadas por los retratados.
La reflexión cruda de Toscani y Benetton, sin embargo, permanece.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario