En días recientes, medios ingleses especializados hablaron sobre la desaparición del formato musical por excelencia, el Compact Disc (CD). La extinción fue calificada como “inminente”, en un tiempo de 5 a 6 años.
Para más de uno es difícil aceptar esta noticia. Sobre todo si, como yo, fue testigo de la extinción del LP o del cassette para ver nacer a la nueva estrella. Pues bien, hoy nos enteramos de que los días de transportar tus compactos en estuchitos mothernos están contados ante la luz de las nuevas tecnologías emergentes, que arrojan formatos digitales de fácil uso, manejo y almacenamiento, como lo son los formatos mp3, mp4, m4a, etc.
Y es que hay que ver cómo la gente logró conectarse a un sinfín de música a través del internet, que a través de programas de descargas (prohibidos o legales), blogs, páginas especializadas (como myspace), etc. han puesto en primer nivel los formatos que, a pesar del sacrificio en calidad de audio, pueden ser fácilmente archivados y colectados. Quizá algunos seguimos en el romanticismo dando vueltas por las tiendas de discos, pero ya es una tendencia prácticamente global y generalizada, que las nuevas generaciones prefieren meterse al iTunes u otras páginas especializadas para descargar la(s) canción (es) que les gusten. De ahí las descargan a su iPod o algún similar, y listo. Se tiene la disposición de miles de canciones, en un aparato más chico que un player de CD’s y sin traer tu estuche cargado de discos que luego te bajaban en las trajinebrias al menor descuido (quiero mis discos de vuelta, ¡malditos gondoleros!!!).
La idea parece fenomenal, yo ya tengo mi Zen de 30GB y mi computadora retacada de mp3s, aunque -debo aceptarlo-, me harán falta un par de años para acostumbrarme a esa idea de contar únicamente con canciones en formato mp3 (o lo que venga), ese fabuloso formato de tan fácil al uso, tan dócil…tan inmaterial.
Así, como nuestros padres hicieron, la “generación Compact Disc” a la que pertenecemos, tendrá que archivar los cientos de discos que coleccionamos a lo largo de nuestra adolescencia y dizque madurez, para, de cuando en cuando, darse el lujo de guardar el reproductor de mp3 (que por cierto, aún tiene muchas imperfecciones por resolver, como la inexistencia de baterías pa cuando uno va a echar el rock a la playa), desempolvar el viejo CD player, y recordar los tiempos incipientes de la tecnología digital. De disfrutar el materialismo musical a la antigüita. Como debiera ser.
El tiempo pasa. De eso, no cabe la menor duda.
Para más de uno es difícil aceptar esta noticia. Sobre todo si, como yo, fue testigo de la extinción del LP o del cassette para ver nacer a la nueva estrella. Pues bien, hoy nos enteramos de que los días de transportar tus compactos en estuchitos mothernos están contados ante la luz de las nuevas tecnologías emergentes, que arrojan formatos digitales de fácil uso, manejo y almacenamiento, como lo son los formatos mp3, mp4, m4a, etc.
Y es que hay que ver cómo la gente logró conectarse a un sinfín de música a través del internet, que a través de programas de descargas (prohibidos o legales), blogs, páginas especializadas (como myspace), etc. han puesto en primer nivel los formatos que, a pesar del sacrificio en calidad de audio, pueden ser fácilmente archivados y colectados. Quizá algunos seguimos en el romanticismo dando vueltas por las tiendas de discos, pero ya es una tendencia prácticamente global y generalizada, que las nuevas generaciones prefieren meterse al iTunes u otras páginas especializadas para descargar la(s) canción (es) que les gusten. De ahí las descargan a su iPod o algún similar, y listo. Se tiene la disposición de miles de canciones, en un aparato más chico que un player de CD’s y sin traer tu estuche cargado de discos que luego te bajaban en las trajinebrias al menor descuido (quiero mis discos de vuelta, ¡malditos gondoleros!!!).
La idea parece fenomenal, yo ya tengo mi Zen de 30GB y mi computadora retacada de mp3s, aunque -debo aceptarlo-, me harán falta un par de años para acostumbrarme a esa idea de contar únicamente con canciones en formato mp3 (o lo que venga), ese fabuloso formato de tan fácil al uso, tan dócil…tan inmaterial.
Así, como nuestros padres hicieron, la “generación Compact Disc” a la que pertenecemos, tendrá que archivar los cientos de discos que coleccionamos a lo largo de nuestra adolescencia y dizque madurez, para, de cuando en cuando, darse el lujo de guardar el reproductor de mp3 (que por cierto, aún tiene muchas imperfecciones por resolver, como la inexistencia de baterías pa cuando uno va a echar el rock a la playa), desempolvar el viejo CD player, y recordar los tiempos incipientes de la tecnología digital. De disfrutar el materialismo musical a la antigüita. Como debiera ser.
El tiempo pasa. De eso, no cabe la menor duda.
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