martes, 8 de enero de 2008

La cuesta de enero



Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, dice que, para superar verdaderamente el problema de la pobreza, es necesario emprender estrategias que permitan efectivamente “romper la lógica de la pobreza”. En México, la tendencia indica que la población de estratos económicos medios-bajos y bajos adquiere sus bienes (muebles, autos, electrodomésticos) a plazos y con grandes intereses, que por lo general no calcula antes de comprarlos; este núcleo social también es quien más gasta (como porcentaje del sueldo que recibe) en las fiestas decembrinas, adquiriendo deudas que pagará a lo largo de todo el año siguiente; y en sí, es un grupo que está acostumbrado a “vivir al día”, por lo que carece de una cultura del ahorro (que, por ser el grupo más numeroso de mexicanos, tiene un impacto directo en la economía nacional). Y lo anterior, sin mencionar a los comerciantes ambulantes, organizaciones de limosneros y vendedores de discos piratas y otros grupos que se encuentran totalmente al margen de cualquier régimen fiscal.

Hoy, 8 de enero de 2007, más de 3 mil casas de empeño abrieron sus puertas a los casi 30 millones de mexicanos que acudirán durante esta temporada a empeñar bienes de todo tipo, para desahogar las deudas que adquirieron durante las fiestas decembrinas o para obtener un poco del dinero que gastaron. Es, oficialmente, el inicio de la tristemente célebre “cuesta de enero”.

Y es que tener una casa de empeño en México constituye un paraíso fiscal, ya que no hay regulaciones establecidas por la autoridad financiera (léase Secretaría de Hacienda y Crédito Público) más allá de una Norma Oficial Mexicana que supuestamente regula su actividad y desempeño. De acuerdo a la Asociación Nacional de Casas de Empeño (ANACE), de las 3 mil sucursales de empeño que hay en el país, 33% no son fiables, ya que sólo 17 firmas pertenecen a la Asociación, entre las más de 250 compañías que se dedican al préstamo prendario. Por ello, existen casas de empeño como Prestafast, que cobra hasta el 13.5% de interés mensual por un préstamo, sin sumar los cargos por almacenaje, seguro, transportación, custodia e IVA que se cobran por separado, por lo que a la vuelta de un año en esta casa de empeño se pagaría 1.6 veces el monto del préstamo tan sólo en intereses.

De acuerdo con la ANACE, el préstamo promedio oscila en 500 pesos y un mes de plazo, alcanzando por plazo anual el 90% de interés. No obstante, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) reportó que la tasa anualizada llega a alcanzar 160%. Las instituciones de asistencia privadas El Nacional Monte de Piedad y el Montepío Luz Saviñón cobran 4% y 5.9% de interés mensual, respectivamente.

La inexperiencia o falta de capacidad del capital humano del sector financiero del Gobierno Federal para atender este problema es una excusa: el Secretario de Hacienda y Crédito Público durante la segunda parte del gobierno de Ernesto Zedillo logró la estabilidad económica nacional (el llamado “blindaje”) que heredó a la administración foxista un crecimiento económico de 6.7%, y hoy es el Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y el actual Secretario es Doctor en Economía por la Universidad de Chicago y fue Subdirector Gerente del Fondo Monetario Internacional. Por ello, ¿no será, más que incapacidad, un fenómeno de plena y llana indolencia?

Para evitar una sanguinaria reedición de las “cuestas de enero” (que toman lugar cada año), habría que poner en acción una serie de lineamientos económicos-legales claramente definidos a las casas de empeño (que sean negocio, pero un negocio justo) e instrumentar campañas y políticas que faculten el ahorro de las compensaciones de fin de año que reciben los mexicanos, especialmente de los sectores menos favorecidos: que los amparen, que los orienten, que los apoyen…que se combata esa “lógica de la pobreza” que nos tiene tan sumidos en el tercermundismo.

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